Mauricio Lecón
Devoto de las humanidades, con una pizca de pragmatismo. Lecón es un apasionado de las letras, de las palabras, de los discursos. Como amante de la Filosofía, se divierte con los juegos especulativos pero, sobre todo con los juegos argumentativos: es un fanático de la lógica y la tradición analítica. En literatura gusta de la prosa. Se considera un discapacitado para la poesía, ya para su lectura, ya para su composición. Asiduo lector de Ernesto Sábato, considera a su obra El túnel, una de las mejores que ha leído en castellano. Disfruta de leer a los grandes: Rulfo, Dostoievski, Borges, Zolá, Ortega y Gasset, Paz, Calderón, y Goethe. Sueña con ser J. Eckermann. Lo envidia. Actualmente, es miembro activo del grupo de discusión literaria y filosófica: Hapax Legomena.
La virgen de los sicarios
Se me antoja decir que mientras leía La virgen de los sicarios pensaba
en México: en su pobreza, violencia, en sus calles y lo cerca que
estamos de ese Medellín que Vallejo dibuja. Pero no. En ningún momento
lo pensé; ni siquiera intenté obligarme la idea, como cuando uno se
esfuerza por decir algo inteligente.
Reinaldo Arenas. En él sí pensé. No estoy muy seguro porqué, pues
aunque la homosexualidad de Arenas y la cruda postal cubana que regala
en algunos de sus libros pudieran sugerirse en la lectura, no consideré
ninguna de esas razones entretanto.